Ayer por la tarde tuve un dilema. A eso de las nueve yo estaba viendo, como imagino muchos otros, la semifinal del Europeo U21 entre Holanda e Italia. A esa misma hora debutaba Brasil en la Copa Confederaciones, contra Japón. Y claro, no sabía con qué partido quedarme. Pese a lo horroroso que estaba siendo el duelo entre los Azzurrini y la Jong Oranje, decidí ponerme a doble pantalla.
Casi sin haberme acomodado todavía en el sofá del salón, Neymar enganchó un balón en la frontal del área para inventarse una volea que fue directamente a parar a la escuadra. Gol. Qué digo gol, golazo. En apenas tres minutos, ya había visto más que en media hora. La cosa pintaba bien.
Mis ojos ya sabían a dónde tenían que dirigir su atención.
Ayer no era la primera vez que veía a la "nueva" Brasil de Scolari. Ya lo había hecho antes. Hacía escasamente un par de semanas, contra Inglaterra. Y las dos veces he tenido el mismo recuerdo viéndoles jugar. Mi mente ha ido directamente a parar a unos cuantos años atrás, al patio de mi colegio. Por aquel entonces, en los recreos, siempre aprovechábamos para echar partidillos. Primero hacíamos los equipos. Tratábamos de hacerlos equilibrados y cuando no era así, la cosa se convertía en un Brasil-Japón cualquiera. Estaba por un lado el equipo de los buenos y por otro, el de los malos. En el equipo de los buenos, de defensas siempre se ponían dos chicos altos y fuertes que nunca subían. De delanteros iban los mejores, que claro, como los defensas de los malos no les suponían nada, hacían todo lo que querían y más con ellos. Se quedaban arriba y esperaban a que los defensas les pasasen el balón. El mediocampo, como os podéis imaginar, ni existía.
Con Brasil ocurre algo similar. Tienen dos defensas altos y fuertes, Thiago Silva y David Luiz. Y, como ocurría en mi colegio, también los de arriba son muy buenos. Neymar, Hulk, Oscar, vaya sí lo son. Mediocampo sí que existe en este caso, pero tampoco es que se le de mucha importancia. Y no es por falta de calidad, porque Luiz Gustavo y, sobre todo, Paulinho, sí la tienen. Pero el caso es que el juego del equipo de Scolari no pasa mucho por los que ocupan esa zona del campo. Su juego se basa en otra cosa. En algo parecido a lo que hacíamos nosotros en el patio. Darle el balón a los de arriba y esperar a que inventen algo.
Y es que así juega Brasil. Con un fútbol poco elaborado, confía sus opciones al talento que atesoran los Neymar, Hulk, Oscar y compañía. Que yo no digo que esté mal, pero que sí creo que para el nivel de la plantilla, podían jugar a algo mucho mejor. Desde luego que sí. Sus partidos, al igual que ocurría con aquellos que jugábamos cuando eramos críos, también se deciden por individualidades. Ayer fue primero Neymar, luego Paulinho y finalmente Oscar, con una deliciosa asistencia para que Jô hiciese el tercero y definitivo. 3-0. Contundente sí, pero a mí las sensaciones que me dejaron no son las mejores. Contra Japón no tuvieron ningún problema para ganar. Ahora bien, la cuestión es qué pasará cuando el equipo de los buenos tenga enfrente a otro equipo de buenos.
Lo veremos. Y pronto. Yo espero, expectante.