domingo, 23 de febrero de 2014

Un amor de verano

Este verano, como todos los anteriores, fui a pasar unos días con la familia a la playa. Al norte, a un pueblecito de Cantabria pegado a la costa. Al de siempre. Cuando estoy allí trato de desconectar bastante de todo. También del fútbol. Por eso cuando vuelvo a Madrid, siempre llegó con mono de volver a ver un partido. Este año, a diferencia de otros, el día que volví sí que había. Lo que no recuerdo bien es sí además de Ligue 2, había alguna jornada de otra liga. Es igual. Total, que sin saber muy bien por qué, me lancé a ver un partido de la segunda división francesa. Concretamente el Angers – Auxerre. Del por qué escogí este y no otro sí que me acuerdo. La razón tenía nombre y apellidos: Paul-Georges Ntep de Madiba. Aunque nunca le había visto jugar, había leído muy buenas opiniones sobre él así que decidí comprobar hasta qué punto eran ciertas. Como suele ocurrir cuando uno se lanza a la piscina a ver un partido underground para conocer a un determinado jugador, resulta que ese no tiene un gran día pero en cambio descubres a otro. Y eso fue exactamente lo que me pasó a mí. Aunque Ntep no jugó un mal partido, el Auxerre cayó en el campo del Angers por dos goles a cero y hubo un chico de este equipo, también de raza negra, que me llamó especialmente la atención: Mohamed Yattara. Entró desde el banquillo, jugó prácticamente toda la segunda parte y culminó su gran actuación con un buen gol con la pierna izquierda (su pierna “mala”) en el minuto 92.

Fuente: francetvsport

Yattara, de origen guineano, nació en 1993 y como muchos otros chicos africanos pertenecientes a ex colonias francesas, se fue a probar fortuna al país galo. Con 17 años entró en la cantera del Olympique de Lyon. Después de pasar una temporada y media en el filial, salió cedido al Arles, de Ligue 2. Cuatro goles en un año no fueron suficientes para convencer a Rémi Garde, que le mandó al Troyes, de Ligue 1. Allí vivió un descenso y aunque marcó tres goles, pasó más tiempo en el banquillo que en el campo. Terminó la temporada y volvió a Lyon. Pero esta vez tampoco lograría ganarse la confianza de Garde, que decidió buscarle otra salida. Esta vez también sería un equipo de Ligue 2: el Angers. Casualidades del destino, el primer gol de Yattara con les scoïstes iba a llegar justo aquella noche de verano que yo decidí pasar un buen rato viendo fútbol. Era la jornada 7 y hasta el momento no había conseguido entrar en los esquemas de Moulin.  Tres días después, lograba un hat-trick en el campo del Troyes en un partido que acabó 3-3. Aquel día no le vi jugar, pero en cuanto vi su hazaña, recuerdo que esbocé una sonrisa. Como si Yattara fuese un apadrinado mío o algo por el estilo. Tras ello, le perdí un poco la pista. No volvería a marcar hasta tres meses después.
Este viernes se volvían a ver las caras el Auxerre y el Angers. Ya no estaba Ntep (le fichó el Rennes en el mercado invernal), pero sí aquel negrito espigado con el pelo rubio teñido que descubrí casi sin querer aquella noche de verano. Yattara fue titular, hizo un doblete y su equipo ganó 1-2. Seis meses después, volvía a verle jugar y este volvía a marcar. Cosas del fútbol. Yattara, aunque lleva el número 2 a la espalda, es delantero. Ágil, oportunista, rápido y con un buen manejo de las dos piernas, ya lleva 9 goles en lo que llevamos de Ligue 2. Tiene al Angers segundo en la Ligue 2, a solo 4 puntos del líder, el Metz. Con la victoria lograda en el l’Abbe-Déschamps esta jornada, ya suman siete sin conocer la derrota.
Este verano a Yattara le tocará, como en los dos anteriores, volver a Lyon. La gran temporada que está haciendo, además de la más que posible salida de Gomis del equipo, pueden hacer que consiga un hueco en el plantilla. Si no lo logra, habrá que ver qué pasa con él. Sólo le queda un año de contrato y viendo el buen rendimiento que está dando en el Angers, no sería nada extraño que algún equipo de Ligue 1 decida ficharle. Acabe donde acabe, le seguiré la pista. Además, el año que viene me voy a estudiar a Francia. Si en algún viaje que haga acabo en la ciudad del equipo en el que esté, haré todo posible por ir a verle jugar en directo. Si ese día marca un gol, empezaré a creer que entre Yattara y yo existe algo especial.

viernes, 7 de febrero de 2014

Marcharse antes de tiempo


Cada vez resulta más habitual ver cómo futbolistas que alcanzan los treintaymuchos toman la decisión de dejar Europa para marcharse a países como Qatar, Estados Unidos o China y dar allí sus últimos coletazos en el mundo del fútbol. Grandes jugadores como Raúl, Kanouté o Henry, atraídos por contratos millonarios, culturas diferentes y con un pasado brillante a sus espaldas, viven o han vivido el final de sus carreras deportivas en estos lugares, donde el nivel competitivo de las ligas locales dista mucho del exhibido en las grandes ligas europeas. Por otro lado, está el caso del elenco de jugadores que de un día para otro reciben una oferta millonaria de un club de estos países y no se lo piensan dos veces. Incluso estando en la plenitud de sus carreras, hacen las maletas. Emana, Weiss o Nilmar son algunos de los ejemplos más conocidos.

Alessandro Diamanti pertenece al segundo grupo.  Una de las mejores zurdas de Italia, sino la mejor, va a cambiar Bologna por el Guangzhou Evergrande chino, entrenado por su compatriota Marcelo Lippi. Nueve millones de euros va a embolsar el club italiano por su traspaso. Un precio relativamente asequible para cualquier equipo de mitad de tabla para arriba de la Serie A. Pero no, incomprensiblemente ninguno se ha planteado su fichaje. Así, Diamanti cambia la pizza por el sushi, con el Mundial de Brasil a la vuelta de la esquina y el Bologna con más papeletas si cabe aún para bajar a Serie B tras su marcha.

Diamanti no es un tipo cualquiera. El suyo es un caso atípico, peculiar. Pese al enorme talento que atesora, es un jugador que nunca ha pasado por un grande. Prato, AlbinoLeffe, Empoli, Livorno, West Ham, Brescia, Bologna… Todos estos equipos andaban más preocupados por evitar descensos que por lograr títulos. Y allí estaba él, brillando. En la mayoría de ellos ha sido el halo de esperanza, el clavo ardiendo al que se han agarrado para salvar la quema. Una rosa en medio del pantano gris. Algunos le tacharán de mediocre. Otros, de romántico. Calificaciones aparte, de lo que nadie duda es de su grandísima calidad.

Y es que cuando uno ve jugar a Diamanti, se pregunta cómo diablos no ha podido acabar en un grande. Y ahora, que se marcha de Italia, nos deja con la sensación de que se va con todavía mucho fútbol por ofrecer. Con muchas cosas aún por demostrar. Con muchos goles de falta por regalar al espectador. Con muchas asistencias imposibles por inventar.

Quizá su paso por China sea efímero y regrese a Italia en un par de meses. Ojalá. Si no lo hace siempre nos quedará la duda de qué habría sido de su carrera si hubiera jugado en un grande, arropado por futbolistas de su nivel y en un contexto competitivo mucho mayor. Lo que si sabremos es que Bologna y el Renato Dall’Ara le echarán de menos. Y la Serie A. Y el fútbol.