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lunes, 7 de octubre de 2013

Ravel Morrison: listo para triunfar

Recibió la pelota en el medio. Conduciéndola con la izquierda -su pierna mala- dejó atrás a Vertonghen. Le salió al paso Dawson. Y se fue de él. Encaró a Lloris y tras más de cuarenta metros de carrera, se la picó por encima con una suavidad sublime. Espectacular. Así fue el golazo que le marcó Ravel Morrison al Tottenham, una obra de arte al alcance de muy pocos. Corría el minuto 79 y el suyo supuso el tercer gol que el West Ham le endosaba al equipo de Villas-Boas. 0-3. En White Hart Lane. Casi nada.

Hace apenas dos años, pocos aventurarían que Morrison haría algo así. Siendo apenas un adolescente y llevando una vida de desenfrenos -mujeres, robos, drogas y alcohol- Ferguson le dijo que se buscara la vida. Era uno de los talentos más prometedores del Manchester United. Como también era uno de los chicos más problemáticos del club. Líos con la policía, acusaciones de violación, robos (un reloj a Ferdinand entre los más sonados) y un sinfín de problemas que terminaron por acabar con la paciencia de Sir Alex. En enero de 2012 lo fichó el West Ham, por aquel momento en la Championship, por 650.000 libras. Firmó un contrato de tres años con la promesa de volver a centrarse en el fútbol. Un espejismo. Apenas jugó diez minutos en los cinco meses que estuvo en Upton Park. El chico parecía no tener solución. 

El verano pasado el West Ham viajaba a Alemania para realizar un stage de pretemporada. Ravel se tuvo que ausentar del viaje un par de días alegando motivos personales. Resultaba que había perdido siete dientes. Y el club tuvo que pagarle un implante. Una broma que les salió por 28.000 €. Un par de semanas más tarde, salió cedido al Birmingham. Tras una primera vuelta llena de altibajos, fue haciéndose poco a poco con un hueco en el once de Lee Clark para terminar marcándose una segunda vuelta sensacional, siendo el jugador más destacado del equipo junto a Nathan Redmond. Redmond salió este verano rumbo a Norwich. Y Ravel, a Londres. Allardyce le esperaba. "Si me demuestra lo que vale en la pretemporada, se quedará con nosotros". Dicho y hecho. Marcó un par de goles y dejó muy buenas sensaciones en los ratitos que tuvo, a destacar el partido que cuajó ante el Sporting de Lisboa, haciendo un doblete. 


Tras un par de semanas de competición -y después de una actuación soberbia en Capital One Cup ante el Cheltenham con gol, asistencia y Man of the Match incluidos- Ravel Morrison se ha ganado un puesto como titular en el once hammer. "Ha cambiado. Es otra persona totalmente diferente a la que vino cuando lo fichamos. Se ha centrado y tiene todo para convertirse en un fantástico futbolista". Ésto dijo Allardyce hace un par de semanas. Ferguson, antes de darle literalmente por perdido cuando todavía era jugador suyo, aseguró que era "el mayor talento de la cantera del Manchester United desde Paul Scholes". Su gran inicio de temporada ha tenido su recompensa, entrando en la última convocatoria de la selección inglesa sub 21. 

Está en boca de todos. Y más aún tras la exhibición de ayer contra el Tottenham. 

"Es un genio. Fue increíble su gol. Será difícil ver uno mejor esta temporada. Ya sabíamos que era capaz de hacer algo así. Durante la pretemporada nos lo ha demostrado. Ya está preparado para asentarse en el fútbol de máximo nivel. Los 12 meses que estuvo cedido en el Birmingham le vinieron muy bien para darse cuenta de lo que uno tiene que hacer para triunfar en el fútbol". Sam Allardyce.

El propio Allardyce contaba hace poco en una entrevista que cuando ficharon a Morrison del United, Ferguson le comentó que se llevaban "a jugador de clase mundial". Tras un par de años en la sombra, Ravel -como prefiere que le llamen- empieza a dejar pinceladas de toda la clase que atesora. En este inicio ha irrumpido con mucha fuerza. Quiere demostrar todo lo que vale. Y quiere dedicarse a lo que mejor se le da: el fútbol. Si sigue con esta proyección y mantiene la cabeza en su sitio, el fútbol inglés está de enhorabuena. Tienen mediocentro para muchos años. Y de los buenos. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

Un bailarín entre fieras

El Tottenham-Chelsea del sábado nos dejó muchas cosas. La primera fue un Torres irreconocible. Irreconocible para bien. Motivado, rápido, desequilibante. Un déjà vu de aquel delantero que maravilló durante unos cuantos años en Anfield. Otra cosa que vimos fue a Mata. Condenado al banquillo en este inicio de temporada, ayer nos deleitó con 45 minutos que sin ser fantásticos, dejaron claro que el equipo le necesita. Algo que hasta el vendedor del puesto de salchichas y perritos calientes de las afueras de White Hart Lane sabe. De una falta botada por el asturiano nació el gol del empate blue.

Además, el partido tuvo ritmo, velocidad e intensidad. Muchísima intensidad. Todos corrían, iban y venían como perros de presa. Sin pausa. Y en ese clima de agitación puramente británica, se erigió un bailarín. Un tipo distinto, tranquilo, que le puso la pausa al partido cuando lo creyó oportuno: Eriksen. El danés, fino y liviano donde los haya, empezó a aparecer en 3/4 de campo y él sólito, dirigió al Tottenham. Como quiso. Filtrando pases, abriendo a banda, oxigenando al equipo. El que debía impedir que el 23 spur hiciese todo eso no estaba por la labor. Y es que las aportaciones de Obi Mikel son fantásticas si las comparásemos con las que podría ofrecer una anchoa. Con este panorama, el ex ajacied se lo pasó en grande. Hizo lo que quiso y más. El gol de Sigurdsson que abrió el marcador partió de una de sus apariciones por detrás del nigeriano. Y tras el gol, siguió igual. Controló y se salió hasta que le duró el físico. A partir de ahí y coincidiendo con la entrada de Mata, el Tottenham se vino a menos. Y el Chelsea creció. Los de Mourinho empataron gracias a un gol de Terry y a punto estuvieron de llevarse el derby londinense.

En Ámsterdam, Eriksen era el dueño y señor del equipo ajacied. Dirigía al equipo a su antojo y todas las jugadas de ataque pasaban por sus botas. Iba sobrado. En Londres, apenas le han bastado cuatro partidos para alzarse como el director de orquesta del Tottenham. Los aficionados spurs le quieren. Tanto que hasta le han dedicado una canción. Ya se ha hecho con un sitio fijo en el once de Villas-Boas por detrás del punta. Sin discusión. Es un futbolista distinto. Distinto a lo que tiene el Tottenham. Y distinto a lo que se ve en la Premier. Un jugador que te puede cambiar un partido con un pase, con un movimiento. Un bailarín que en un campo de fieras es capaz de amansarlas, maniatarlas y moverlas a su antojo. Hasta conseguir su objetivo.

viernes, 29 de marzo de 2013

Dembélé: brillando a la sombra de Bale

Hace un rato he llegado a casa. He estado un par de días en el pueblo. Llevaba mucho tiempo sin ir por allí. Y ya lo echaba de menos. Añoraba ese olor a leña quemada, la cancha de fútbol, el monte y también la mirada huidiza de mi vecino de enfrente, un boxeador retirado. He tenido tiempo para reflexionar sobre muchos asuntos. Sobre si el Valencia entrará en Champions. Sobre si el Vitesse llegará vivo al final de la temporada para luchar por la Eredivisie. Y también sobre si Cavani dejará o no Nápoles este verano. 

Otra de los temas en los que me detuve a pensar fue en la gran temporada que está haciendo el Tottenham. Y lo hice justo ahora que atraviesan un "mal momento". Lo pongo entre comillas porque están en puestos Champions en la Premier y además siguen vivos en la Europa League, en octavos, tras dejar fuera al Inter. ¿No está mal, no? Si esto es estar en un mal momento que vayan a Rodgers y le digan si no se cambiaría por Villas-Boas. Corriendo iba. 

Cuando pensé en escribir sobre el Tottenham, lo primero que se me ocurrió fue hacerlo sobre Bale. Como no. Vive el mejor momento de su carrera y es la gran sensación de la Premier. Con esto no descubro nada, lo sé. El galés está en boca de todos. Veintiséis goles lleva ya esta temporada. Y los hace de todos los colores. Con la izquierda, de cabeza, en el último minuto, de falta, empujándola. En definitiva, los marca como le viene en gana. Además, suma catorce asistencias. Todo ello en 44 partidos. Y claro, viendo estas cifras, todos alucinamos con él, nos deshacemos en elogios y no vemos más allá de su figura. Y es una pena.

Es una pena porque más allá de este galés insaciable, hay un par de jugadores que esta temporada están brillando en White Hart Lane. Podríamos hablar de la irrupción de Caulker. O de la consolidación de Vertonguen como uno de los mejores defensas de la Premier. O por qué no, de lo bien que lo está haciendo Lloris. Pero hoy no toca dedicarles unas líneas a ellos. Nuestro protagonista es otro.

Es Moussa Dembélé, un futbolista que en apenas dos años ha experimentado una transformación tremenda. Hablar del Dembélé actual nos obliga a hacerlo de Martin Jol. Y es que el entrenador neerlandés es el gran responsable de que hoy Moussa sea el jugador que es. No recuerdo con exactitud ni la fecha ni el escenario, pero bendito el día en el que Jol decidió recolocar al espigado delantero belga como mediocentro. Su progresión desde aquel momento ha sido espectacular. Fue jugando en esa posición cuando llamó la atención del Tottenham. Este pasado verano se mudó de barrio con la misión de sustituir a un croata que acababa de cambiar Londres por Madrid. 

Reemplazar a Modric no era tarea fácil. Además, llegaba con la losa de las 15 millones de libras que había costado su fichaje. Seis meses después, nadie se acuerda del croata. Dembélé se ha hecho dueño y señor del mediocampo Spur. Con Parker como escudero, el belga se mueve a sus anchas por esa zona del campo. Colabora defensivamente, genera fútbol, se asocia y llega muy bien arriba. Vamos, un box to box en toda regla. Además, sabe leer muy bien los partidos. Con una capacidad extraordinaria para proteger el balón, le da pausa al equipo y también le imprime ritmo cuando lo ve oportuno. Es el termómetro del Tottenham. 

Él es otro de los culpables de la gran temporada que están haciendo los chicos de Villas-Boas. Aunque no haga los goles que hace Bale, es una de las piedras angulares del equipo londinense. Decir que es más importante en el Tottenham que el galés sería hacer demagogia. Y para demagogos, ya tenemos a los políticos de nuestro país. Ahora bien, lo que sí que podemos afirmar tranquilamente es que Dembélé es, a día de hoy, uno de los mejores centrocampistas de la Premier. Aunque en muchas ocasiones los golazos de Bale nos cieguen, de vez en cuando está bien mirar más allá. Merece la pena, de verdad. Haciéndolo, disfrutas de otros placeres del fútbol. Dembélé es uno de ellos. Otro insaciable, en la sombra.