Escribo
desde la playa. Bueno, técnicamente, desde la playa playa, no. Lo
hago desde el apartamento, que está a escasos cinco minutos de la
playa andando, vaya. Hoy ha salido un día “malo”, lluvioso. Para
la inmensa mayoría de los veraneantes españoles, que te salga un
día así, en plenas vacaciones, es un drama. Pero para los que somos
asiduos al norte, no lo es. Es una oportunidad. Una oportunidad para
descubrir sitios nuevos, para coger el chubasquero, el mapa de
carreteras y hallar enclaves que, por pequeños que sean, siempre
tienen algo de especial, algo que puede llegar a gustarte más de lo
que estás acostumbrado a ver.
Estos días en Anfield atraviesan una situación que guarda cierta similitud. Ayer The Guardian y The Telegraph publicaban, en exclusiva, una entrevista a Luis Suárez en la que el uruguayo dejaba las cosas muy claras. Quiere irse del Liverpool y quiere que le dejen hacerlo, tal y como, según él, le prometió Rodgers hace un año (si el equipo no se clasificaba para la Champions League). Además, ha asegurado que lo va a intentar por todos los medios posibles. Y claro. Para el noventaymuchos por ciento de los aficionados kopites, que deje Anfield supone un drama. Que digo drama, dramón. Dan por hecho que si el uruguayo se marcha, el Liverpool se hundirá. Aún más.
Por
otro lado se encuentra, alejado de los focos mediáticos, un reducido
grupo que cree firmemente que hay vida más allá de Luis Suárez. Lo
piensa así porque, la temporada pasada, cuando el uruguayo estuvo
sancionado por su célebre arrebato caníbal, el equipo demostró que
podía competir y sacar los partidos adelante sin él. Lo cree porque
aunque Coutinho, Iago Aspas y Sturridge no te aseguren
individualmente más de 20 goles por temporada, juntos pueden formar
una delantera magnífica que supere esos registros. Además, a ellos tres habría que sumarle el delantero que fichen para sustituir al uruguayo. Lo cree también
porque Gerrard, aunque ya no es aquel box
to box que
corría más que todo el Liverpool junto, sigue siendo uno de los
mejores mediocentros de la Premier. Y lo cree porque el Swansea de
Rodgers que enamoró a Inglaterra era un equipo como tal, un bloque
sólido que no dependía de nadie en particular.
El
Liverpool que vimos la temporada pasada era un equipo que jugaba por
y para Suárez. Cuando él no estaba fino, no había manera de ganar.
Era así. La dependencia era absoluta. Con las llegadas de Sturridge
y Coutinho en el mercado invernal, la cosa cambió. Poco, pero
cambió. Aunque la Suárezdependencia
eclipsaba
bastante el talentazo de los otros dos, dejaron detalles, jugadas y
goles que supusieron un halo de esperanza para el aficionado kopite,
que vio como igual si que era posible ganar sin su estrella. Cuando
el uruguayo no estuvo por la sanción, Coutinho y Sturridge lo
hicieron todavía mejor. No se escondieron. A ellos se sumaron el
resto de jugadores que, quizá heridos en el orgullo, dieron un poco
más de sí mismos, demostrando que el Liverpool no era sólo Luis
Suárez.
Suárez
es buenísimo. De eso no hay duda. Es tan bueno que se ha cansado de
estar en un equipo ahora secundón, que ya no entra ni en Europa
League. Tiene hambre, hambre de títulos. Quiere pasear toda la
calidad que atesora por el viejo continente, jugar la Champions
League. El wengerismo
ha llamado a su puerta. Y aunque el Arsenal lleve ya unos cuantos
años sin ganar ni un título, él cree en el proyecto. Lo que
deportivamente le ofrecen allí no se lo dan en Liverpool. Así que
quiere marcharse. Y lo quiere ya.
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