Hace ya más de un mes que volví de Burdeos. Allí pase un mes fantástico. Fui con el objetivo de mejorar mi francés. Y lo conseguí. Y de paso logré otro: descubrir una ciudad maravillosa. Cada día me sorprendía algo nuevo. Y es que, aunque Burdeos no es grande, tiene una infinidad de rincones para perderse. En todo el tiempo que estuve allí, sólo viví una anécdota relacionada con el fútbol. Os la cuento a continuación.
Mi famille d'accueil vivía en la Rue Moneyra, en le Boulevard, un barrio señorial situado a escasos quince minutos a pie del centro, de la Place Gambetta, la plaza que más vida tiene de todo Burdeos. El Chaban-Delmas -el estadio del Girondins- lo tenía a unos quince minutos de mi casa. Así que un día cogí la bici (la que me prestaba la familia) y allí que me fui. Serían las ocho de la tarde, un poco tarde para ser Francia. Aun así, yo confiaba en que estuviera abierto. La entrada principal estaba cerrada así que decidí dar la vuelta al estadio. A ver si había suerte. Para mi sorpresa, adosado a él había una especie de polideportivo, con canchas de fútbol, baloncesto, tenis y una pista de atletismo. Vi gente dentro y, casi cuando había dado la vuelta completa al recinto, encontré la puerta. Dejé la bici, entré y nada más pasar el hall, mis ojos presenciaron algo muy curioso. A mi derecha, un montón de chavales haciendo deporte. Y a mi izquierda, el Chaban-Delmas, un estadio con casi noventa años de historia. Una valla de no más de dos metros era lo único que los separaba.
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| La entrada principal del Chaban-Delmas |
Volví al hall. No había nadie. Afuera, dos hombres de unos treintaymuchos años charlaban. Supuse que uno de ellos sería el que trabajaba allí atendiendo a la gente. Estaba en lo cierto. Después de tragarme una conversación de media hora sobre ciclismo, uno de los dos se fue. El que se quedó, un tipo fuerte, de uno noventaymuchos con aspecto rudo, se acercó a mi preguntándome si quería algo. Y entonces le pregunté si había alguna manera de visitar el estadio. Puso cara de incrédulo y me dijo, con un tono bastante borde, que si realmente quería ver el estadio y por qué. Yo le conté de donde venía, mi pasión por el fútbol y lo que estaba haciendo allí. Y él, sorprendido, accedió a enseñármelo. Me insinuó que le podían echar por lo que iba a hacer, pero que le había caído bien y que me iba a dar el gusto. En ese momento, me hurgué en los bolsillos. No tenía el móvil. Ya que iba a entrar, no me podía ir de allí sin tirar un par de fotos. Se lo comenté. Me dijo que se iba en tres cuartos de hora y que ese día cogía vacaciones. No podía perder mi oportunidad. Total, que pille la bici, volví a casa, cogí el móvil y fui zumbando al estadio. En veintitrés minutos contados, estaba de vuelta. Y allí estaba el tío, esperándome en la puerta, tal y como me había prometido.
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| Las taquillas y al lado, la entrada al polideportivo |
Bajamos unas escaleras, abrió la puerta que estaba en la valla que separaba el estadio del polideportivo y después, hizo lo propio con otra. Ya estábamos dentro.
Nos sentamos en dos de los asientos y nos pusimos a charlar. Dado el contexto, quise entablar una conversación sobre fútbol pero rápidamente descubrí que mucho futuro no iba a tener. Aquel tipo no sabía ni quien era Messi. Así que cambiamos de tema. Él empezó a hablarme de su pasión por el rugby, contándome su parcour -había llegado a jugar en la tercera división francesa- y enumerándome jugadores que yo en mi vida había oído hablar. Pasaron diez minutos y nos marchamos. Cuando volvimos, me enseñó un par de fotos del que va a ser el nuevo estadio del Girondins y me explicó el cabreo que tenía la gente de Burdeos por el cambio, ya que la nueva casa de su equipo se encontraba a las afueras de la ciudad. Después de eso, nos despedimos, le di las gracias y volví a mi casa, tirando un par de fotos a los alrededores del estadio durante el camino.
Esta noche el Girondins recibe al todopoderoso PSG (20:30). Cuando empiece el partido, me será inevitable acordarme de lo que me pasó aquella tarde de principios de julio. Aquel día, vi el Chaban-Delmas vacío, sin nada (por no haber, no había ni porterías). No me transmitió mucho, la verdad. Hoy será distinto. Se va a llenar. Habrá más de 34.000 bordeleses animando a su equipo para conseguir la segunda victoria en liga (sólo suman cuatro puntos de doce posibles). Y aquí, a unos 700 kilómetros, habrá uno que también lo hará. Desde casa sí, pero como si estuviese allí también. Como cuando estuve sentado en esas gradas, hoy repletas, con aquel individuo que no sabía ni quien era Messi.




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