En el fútbol hay muchos tipos de jugadores. Muchos no, muchísimos. Tantos que si tratásemos de dedicarles un artículo, posiblemente se acabara convirtiendo en un libro. Luego cada uno puede destacar por una infinidad de cosas. Por su capacidad goleadora, por su velocidad, por su colocación en el campo, por su disparo, por su juego aéreo. Y por muchas más. La inmensa mayoría de ellas se pueden enseñar y potenciar en los entrenamientos. Otras no. Una de ellas es la lectura del juego. Jugadores que se dediquen al fútbol hay miles. Que lo sepan leer, no tantos. Saber cuál es el momento idóneo para dar un pase, quién es el compañero mejor colocado para recibir el balón, cuando hay que lanzar una contra y cuándo temporizar, cuando regatear y cuando asistir. Ver el hueco que sólo ve el espectador desde su casa, lanzar un cambio de orientación cuando es oportuno. Todo este cúmulo de habilidades no están al alcance de todos. Ni mucho menos.
Yo, que nunca he sido nada del otro mundo jugando al fútbol, si hay algo por lo que destacaba, por lo que resultaba útil a los entrenadores, era por eso. Por saber leer el fútbol. Por poco más. Yo no era rápido. Ni demasiado desequilibrante. Ni goleador. Tampoco iba bien por arriba. Ni recuperaba muchos balones. Ni tenía un gran disparo. Pero sí solía acertar a la hora de tomar decisiones. Interpretaba bien los partidos y veía huecos donde otros sólo veían rivales. Y como no había muchos más que supiesen hacer todo esto en los equipos por los que he pasado, solía jugar con asiduidad.
Y esta es la razón por la que me identifico mucho con Adam Lallana. Un tipo que, de entre todas las cualidades que tiene, por la que más destaca es por lo bien que lee el fútbol. Es increíble ver la habilidad que tiene el jugador del Southampton para interpretar los partidos. Y en esto, pocos jugadores están a su altura en la Premier League. Y para suerte de Pochettino y de todos los aficionados de los saints, no es el único aspecto en el que destaca. No es como yo. Lallana también tiene gol, goza de un gran cambio de ritmo y maneja tan bien las dos piernas que más de una vez me pregunto cuál es la buena. Es un jugador distinto, de los que encandilan. De los que levantan a la grada con un pase imposible. De los que gustan a los entrenadores porque saben poner la pausa cuando es necesario. De esos que en el frenesí británico, destacan aún más ya que no se trata de una especie que se de en abundancia en las islas.
Su temporada está siendo fantástica. Suma siete goles y cinco asistencias en la Premier, es indiscutible en el Southampton y su influencia en el juego del equipo es total. No hay jugada de ataque en la que no participe. Ya ha sido llamado por Hodgson en las últimas convocatorias de la selección inglesa y está en todas las quinielas para formar parte de los veintitrés futbolistas que se lleve el seleccionador inglés al Mundial de Brasil. Sabidas las carencias que tiene Inglaterra en cuanto a la producción de fútbol se refiere, un jugador de las características de Lallana puede venirle a Hodgson como anillo al dedo. De ahí que no sea ninguna locura que este verano le veamos como titular al lado de los Gerrard, Rooney,Sturridge y compañía. Méritos está haciendo. Y nivel, tiene de sobra.





