domingo, 23 de marzo de 2014

Resurrección

Este verano Dirk Advocaat dejó Eindhoven. Y el PSV, lejos de lanzarse a por algún entrenador mediático, decidió apostar por un hombre sin apenas experiencia pero que conocía bien la casa: Phillip Cocu. No iba a ser la primera vez que se iba a sentar en el banquillo del Phillips Stadion. Dos años atrás, en la 2011/2012, sustituyó a Fred Rutten con la temporada llegando a su fin. Dos eran los objetivos que debía cumplir: tratar de ganar la Eredivisie y meter al equipo en la final de la KNVB Beker (la copa holandesa). El primero no lo consiguió. El segundo sí. El PSV acabó 3º en liga pero ganó la copa, derrotando en la final al Heracles. Tras su efímera estancia, Cocu dejó el club. Y llegó Dirk Advocaat. Doce meses más tarde y tras un año en blanco para los de Eindhoven, Cocu volvía a sentarse en el banquillo del PSV.
Heredaba un equipo muy joven, con muchas caras nuevas, en el que las dos grandes figuras, Mertens y Strootman, habían hecho las maletas rumbo a Italia. Un equipo sin apenas experiencia, pero con un proyección espectacular. Maher, Rekik, Zoet, Depay, Narsingh o Wijnaldum eran algunas de las grandes promesas que iban a estar bajo las órdenes de Cocu. Jugadores todos ellos con muchísimo talento, pero todavía por amasar. La temporada no pudo empezar mejor. El primer mes de competición fue impecable. El equipo lo ganó prácticamente todo en la Eredivisie, lideraban la competición en solitario y, coincidiendo con el mal inicio liguero del Ajax, la prensa ya se aventuraba a pronosticar que los de Eindhoven se harían con el título sin ningún tipo de problema. Jugaban bien, ofrecían espectáculo y apenas encajaban goles. Los jóvenes por los que había apostado Cocu maravillaban al panorama europeo. En esas primeras semanas, ¿quién no hablaba de Zakaria Bakkali?
Todo iba sobre ruedas.
En ese clima de euforia colectiva, llegó la previa de la Champions League contra el Milan. Pese a dar una buena imagen tanto en la ida como en la vuelta, el equipo cayó eliminado. Y, prácticamente de un día para otro, el PSV se instaló en una espiral negativa de resultados. El 4-0 que le endosaron al Ajax en casa a las pocas semanas de aquella eliminatoria supuso un halo de esperanza que finalmente no fue más que una rosa en medio del pantano gris. Si octubre fue un mes malo en cuanto a resultados, noviembre fue todavía peor. En estos dos meses, cayeron contra equipos muy inferiores a ellos en la Eredivisie (Groningen, Roda o NAC Breda) y sufrieron derrotas muy dolorosas contra el Feyenoord (3-1) o el Vitesse en casa (2-6). Ya no había ni rastro del equipo que nos había fascinado cuando la Eredivisie había echado a rodar. Bakkali parecía otro y apenas jugaba, Bruma y Rekik ya no eran aquella gran pareja de centrales que daba solidez al equipo, Maher y Depay estaban desaparecidos… El equipo era un drama. Cayeron eliminados de la KNVB Beker y de la Europa League, y en la Eredivisie se hundieron hasta el punto de llegar a estar más cerca del descenso que del liderato. Ya estaba en entredicho hasta Cocu, que había firmado en verano por cuatro temporadas.
Memphis Depay, una de las grandes figuras del PSV. Fuente: Zimbo
Cuando parecía no haber vuelta atrás, el equipo le dio la vuelta a la situación. El punto de inflexión se produjo en Galgenwaard. Tras casi mes y medio sin ganar en la Eredivisie, el PSV le endosó un contundente 1-5 al Utrecht. Volvieron a dar una buena imagen, liderados por dos de los jugadores llamados a comandar el proyecto de Cocu: Adam Maher y Memphis Depay. Dos jugadores que llevaban casi dos meses desaparecidos, sobrepasados por la terrible situación deportiva que vivía el club, inmersos en un ostracismo personal. Aquel día hicieron dos goles cada uno y volvieron a demostrar qué era posible volver a ver a aquel PSV de las primeras jornadas. Y así ha sido. Desde aquel 15 de diciembre hasta hoy, los de Eindhoven sólo han perdido dos partidos. Han ganado 10 y los últimos 8, de manera consecutiva. Equipos punteros como el Twente, el AZ y el Vitesse han estado entre sus últimas víctimas. La llegada de Bryan Ruiz procedente del Fulham, la explosión goleadora de Jurgen Locadia y la mejora defensiva han sido algunas de las claves que explican el espectacular rendimiento que ha ofrecido el equipo en los últimos tres meses. Con la victoria que consiguieron ayer contra el Roda y gracias al pinchazo del Vitesse en Groningen, se han colocado segundos, a tan solo 6 puntos del Ajax (que tiene un partido menos). Faltan cinco jornadas por disputarsey aunque sigue estando muy complicado, conseguir alzarse con la Eredivisie ya no es una quimera. Todavía es posible.

domingo, 9 de marzo de 2014

El triunfo de la revolución de Enschede

La temporada 2012/2013 fue un completo desastre para el Twente. El equipo de Enschede, acostumbrado en los últimos años a estar entre los cuatro primeros y pelear por la Eredivisie, acabó sexto, fuera de las competiciones europeas. Hasta tres técnicos pasaron por el banquillo de De Grolsch Veste. Steve McClaren y dos interinos: Alfred Schreuder primero y Michel Janssen después. Llegó el verano y se produjo una auténtica estampida de jugadores rumbo a otros lugares. Piezas básicas como Nacer Chadli (Tottenham), Leroy Fer (Norwich), Landzaat (Willem II), Mihaylov (Hellas Verona) o Braafheid (Hoffenheim) cambiaron de aires. Todos ellos jugadores de renombre en la Eredivisie. En su lugar, desde el club se optó por reemplazarles con gente joven, poco conocida y con hambre. Y así llegaron, entre otros, Kyle Ebecilio (delReserves del Arsenal), Youness Mokhtar (del PEC Zwolle), Dico Koppers (del ADO Den Haag cedido por el Ajax esa temporada) y Nick Marsman y Quincy Promes (los dos del Go Ahead Eagles, de la Eerste Divisie, la 2ª división holandesa). Además, se optó por dar confianza a gente de la casa que hasta el momento había tenido poco protagonismo, como Shadrach Eghan. La apuesta era arriesgada, pero poco tenían que perder.
Y poco han perdido.
Tras 26 jornadas disputadas, el Twente es segundo y aunque tiene al líder -el Ajax- a ocho puntos, las posibilidades de alzarse con la Eredivisie todavía siguen vivas. La apuesta les salió redonda. El equipo es el máximo goleador de la competición y el segundo menos goleado (el primero es el Ajax). Además, muchos de los chicos jóvenes por los que se apostó en verano se han consolidado y están dando un rendimiento espectacular, especialmente tres: Ebecilio, Eghan y, sobre todo, Quincy Promes.
1. Kyle Ebecilio (1994)
Este holandés de ascendencia africana se crió en la prolífica cantera del Feyenoord. En 2010, le fichó el Arsenal, donde pasó tres temporadas en las inferiores (sub 18 y sub 21) sin llegar a debutar con el primer equipo. El pasado verano el Twente se hizo con sus servicios y desde el primer día se hizo con un hueco en el once titular de Janssen. Hermano del que fuera jugador del Ajax Lorenzo Ebecilio, se parece bastante poco a él en lo que respecta al juego. Kyle es un mediocentro físicamente poderoso, con mucho recorrido y que abarca una gran cantidad de espacio en el campo. Destructor y también llegador, sería lo que en Inglaterra conocen como un box-to-box. Con un margen de mejora todavía muy amplio, tiene todo para convertirse en uno de los mejores centrocampistas holandeses de la próxima década. 
Fuente: twentefans
2. Shadrach Eghan Kwesi (Ghana, 1994)
El de Eghan es uno de esos casos atípicos. En apenas un año ha pasado de ser un completo desconocido en Enschede (sólo jugó 17 minutos la temporada pasada) a convertirse en uno de los jugadores más importantes del Twente. Suele actuar como interior en los esquemas de Janssen. Físicamente menos dotado que Ebecilio, es un jugador más técnico. Se mueve por toda la línea de tres cuartos, le gusta caer a los costados y se le ve siempre cerca del área (lleva ya cinco goles). Rápido, eléctrico y desequilibrante, su temporada está siendo muy buena. Aún así, debe ser más regular.
Fuente: twentesport
3. Quincy Promes (Países Bajos, 1992)
Sin duda, la gran aparición de esta Eredivisie 2013/2014. Llegó a Enschede el pasado verano procedente del Go Ahead Eagles, con el que había logrado el ascenso a la primera categoría del fútbol neerlandés, siendo él una de las grandes figuras de su equipo y de toda la Eerste Divisie. Sus 13 goles en 32 partidos le valieron a este prolífico extremo para dar el salto desde De Adelaarshorst a De Grolsch Veste, donde se ha convertido en uno de los favoritos de la afición tukker. Indiscutible en los esquemas de Janssen, Quincy Promes es un extremo diestro que puede jugar en cualquiera de las dos bandas. Muy vertical y desequilibrante, tiene una gran facilidad para ver puerta. Prueba de ello son los once goles que lleva en los 23 partidos que llevamos disputados de Eredivisie, unas cifras espectaculares para un hombre de banda. Entró en la última lista de Van Gaal y debutó con la Oranje en el amistoso contra Francia. Si continúa al nivel al que ha rendido hasta ahora, no sería ninguna quimera verle en Brasil este verano.
Fuente: twenteinsite

martes, 4 de marzo de 2014

Una pareja para ascender

1 de noviembre de 2013. A las oficinas de Hillsborough llegaba un tipo joven, alto y musculoso. A la gente que andaba por allí le sonaba su cara. No era otro que Connor Wickham, que, perteneciente al Sunderland, acababa de cerrar su cesión por el Sheffield Wednesday, de la Championship. Volvía tan solo seis meses después de su estancia en el club. Un gol en seis partidos había dejado para el recuerdo en el mes que había pasado allí. Pero esta vez las cosas iban a ser bien distintas. De hecho, fue llegar y besar el santo. Al día siguiente de conocerse su fichaje, fue titular y participó en la sorprendente goleada (5-2) del Sheffield al Reading, uno de los cocos de la competición. A raíz de ese partido, el equipo encadenó una racha muy buena de resultados, logrando salir del descenso. Ocho goles en once partidos fueron suficientes para que Gustavo Poyet le llamase a filas para incorporase al Sunderland.



Dos semanas ha durado.

Sin minutos con los black cats y en vísperas de la final contra el Manchester City de la Capital One Cup, el Sunderland anunciaba la cesión de Wickham al Leeds United. Nada más conocerse la noticia, a Connor le preguntaron qué se le había pasado por la cabeza para cambiar una final por jugar en la Championship (la segunda división inglesa). “Lo primero es lo primero. Y yo lo que quiero más que nada es jugar al fútbol y en Wembley -refiriéndose a la final- no voy a jugar”. Así de claro lo dejo. Y dicho y hecho. Wickham hacía las maletas rumbo a Elland Road. Esta vez no llegaba a un equipo que peleaba por no descender. Todo lo contrario. El Leeds, aunque ahora mismo ocupa la duodécima posición en la Championship, es uno de los candidatos a subir a la Premier. Tras unos primeros meses de competición bastante buenos, el equipo pegó un bajón tremendo a partir de diciembre, llegando a acumular una racha de hasta ocho partidos sin conseguir una sola victoria, con dos empates y seis derrotas en su haber. Especialmente humillantes fueron la eliminación por parte del Rochdale (League Two, cuarta división) en la FA Cup y el 6-0 que encajaron en el campo del Sheffield Wednesday, con gol de Wickham incluido. Pese a haber conseguido un par de victorias en el último mes tras esa mala racha, el equipo no ha vuelto a ser el de principio de temporada.

Wickham, posando con la camiseta del Leeds en su presentación. Fuente: itv

Y en esas ha llegado Wickham, de quien se espera que forme junto a Ross McCormack, la gran estrella del equipo con 23 goles en 32 partidos, una de las mejores delanteras de la Championship y entre los dos traten de reconducir la situación del club y aupar al Leeds a las posiciones de ascenso, que ahora mismo tienen a ocho puntos. Este fin de semana jugaban por primera vez juntos. Y lo hacían en una de las plazas más complicadas de toda la competición: el Loftus Road. Aunque el equipo no pasó del empate contra el QPR (1-1), los chicos de McDermott dieron una buena imagen y tanto Wickham como McCormack (que fue el autor del gol del Leeds) dejaron detalles y demostraron entenderse muy bien ya desde el primer día. Un halo de esperanza para la afición del Leeds, que tiene puestas en este inglés y este escocés todas sus esperanzas de cara a poder alcanzar las posiciones que dan acceso a pelear por el ascenso a la Premier League.

domingo, 23 de febrero de 2014

Un amor de verano

Este verano, como todos los anteriores, fui a pasar unos días con la familia a la playa. Al norte, a un pueblecito de Cantabria pegado a la costa. Al de siempre. Cuando estoy allí trato de desconectar bastante de todo. También del fútbol. Por eso cuando vuelvo a Madrid, siempre llegó con mono de volver a ver un partido. Este año, a diferencia de otros, el día que volví sí que había. Lo que no recuerdo bien es sí además de Ligue 2, había alguna jornada de otra liga. Es igual. Total, que sin saber muy bien por qué, me lancé a ver un partido de la segunda división francesa. Concretamente el Angers – Auxerre. Del por qué escogí este y no otro sí que me acuerdo. La razón tenía nombre y apellidos: Paul-Georges Ntep de Madiba. Aunque nunca le había visto jugar, había leído muy buenas opiniones sobre él así que decidí comprobar hasta qué punto eran ciertas. Como suele ocurrir cuando uno se lanza a la piscina a ver un partido underground para conocer a un determinado jugador, resulta que ese no tiene un gran día pero en cambio descubres a otro. Y eso fue exactamente lo que me pasó a mí. Aunque Ntep no jugó un mal partido, el Auxerre cayó en el campo del Angers por dos goles a cero y hubo un chico de este equipo, también de raza negra, que me llamó especialmente la atención: Mohamed Yattara. Entró desde el banquillo, jugó prácticamente toda la segunda parte y culminó su gran actuación con un buen gol con la pierna izquierda (su pierna “mala”) en el minuto 92.

Fuente: francetvsport

Yattara, de origen guineano, nació en 1993 y como muchos otros chicos africanos pertenecientes a ex colonias francesas, se fue a probar fortuna al país galo. Con 17 años entró en la cantera del Olympique de Lyon. Después de pasar una temporada y media en el filial, salió cedido al Arles, de Ligue 2. Cuatro goles en un año no fueron suficientes para convencer a Rémi Garde, que le mandó al Troyes, de Ligue 1. Allí vivió un descenso y aunque marcó tres goles, pasó más tiempo en el banquillo que en el campo. Terminó la temporada y volvió a Lyon. Pero esta vez tampoco lograría ganarse la confianza de Garde, que decidió buscarle otra salida. Esta vez también sería un equipo de Ligue 2: el Angers. Casualidades del destino, el primer gol de Yattara con les scoïstes iba a llegar justo aquella noche de verano que yo decidí pasar un buen rato viendo fútbol. Era la jornada 7 y hasta el momento no había conseguido entrar en los esquemas de Moulin.  Tres días después, lograba un hat-trick en el campo del Troyes en un partido que acabó 3-3. Aquel día no le vi jugar, pero en cuanto vi su hazaña, recuerdo que esbocé una sonrisa. Como si Yattara fuese un apadrinado mío o algo por el estilo. Tras ello, le perdí un poco la pista. No volvería a marcar hasta tres meses después.
Este viernes se volvían a ver las caras el Auxerre y el Angers. Ya no estaba Ntep (le fichó el Rennes en el mercado invernal), pero sí aquel negrito espigado con el pelo rubio teñido que descubrí casi sin querer aquella noche de verano. Yattara fue titular, hizo un doblete y su equipo ganó 1-2. Seis meses después, volvía a verle jugar y este volvía a marcar. Cosas del fútbol. Yattara, aunque lleva el número 2 a la espalda, es delantero. Ágil, oportunista, rápido y con un buen manejo de las dos piernas, ya lleva 9 goles en lo que llevamos de Ligue 2. Tiene al Angers segundo en la Ligue 2, a solo 4 puntos del líder, el Metz. Con la victoria lograda en el l’Abbe-Déschamps esta jornada, ya suman siete sin conocer la derrota.
Este verano a Yattara le tocará, como en los dos anteriores, volver a Lyon. La gran temporada que está haciendo, además de la más que posible salida de Gomis del equipo, pueden hacer que consiga un hueco en el plantilla. Si no lo logra, habrá que ver qué pasa con él. Sólo le queda un año de contrato y viendo el buen rendimiento que está dando en el Angers, no sería nada extraño que algún equipo de Ligue 1 decida ficharle. Acabe donde acabe, le seguiré la pista. Además, el año que viene me voy a estudiar a Francia. Si en algún viaje que haga acabo en la ciudad del equipo en el que esté, haré todo posible por ir a verle jugar en directo. Si ese día marca un gol, empezaré a creer que entre Yattara y yo existe algo especial.

viernes, 7 de febrero de 2014

Marcharse antes de tiempo


Cada vez resulta más habitual ver cómo futbolistas que alcanzan los treintaymuchos toman la decisión de dejar Europa para marcharse a países como Qatar, Estados Unidos o China y dar allí sus últimos coletazos en el mundo del fútbol. Grandes jugadores como Raúl, Kanouté o Henry, atraídos por contratos millonarios, culturas diferentes y con un pasado brillante a sus espaldas, viven o han vivido el final de sus carreras deportivas en estos lugares, donde el nivel competitivo de las ligas locales dista mucho del exhibido en las grandes ligas europeas. Por otro lado, está el caso del elenco de jugadores que de un día para otro reciben una oferta millonaria de un club de estos países y no se lo piensan dos veces. Incluso estando en la plenitud de sus carreras, hacen las maletas. Emana, Weiss o Nilmar son algunos de los ejemplos más conocidos.

Alessandro Diamanti pertenece al segundo grupo.  Una de las mejores zurdas de Italia, sino la mejor, va a cambiar Bologna por el Guangzhou Evergrande chino, entrenado por su compatriota Marcelo Lippi. Nueve millones de euros va a embolsar el club italiano por su traspaso. Un precio relativamente asequible para cualquier equipo de mitad de tabla para arriba de la Serie A. Pero no, incomprensiblemente ninguno se ha planteado su fichaje. Así, Diamanti cambia la pizza por el sushi, con el Mundial de Brasil a la vuelta de la esquina y el Bologna con más papeletas si cabe aún para bajar a Serie B tras su marcha.

Diamanti no es un tipo cualquiera. El suyo es un caso atípico, peculiar. Pese al enorme talento que atesora, es un jugador que nunca ha pasado por un grande. Prato, AlbinoLeffe, Empoli, Livorno, West Ham, Brescia, Bologna… Todos estos equipos andaban más preocupados por evitar descensos que por lograr títulos. Y allí estaba él, brillando. En la mayoría de ellos ha sido el halo de esperanza, el clavo ardiendo al que se han agarrado para salvar la quema. Una rosa en medio del pantano gris. Algunos le tacharán de mediocre. Otros, de romántico. Calificaciones aparte, de lo que nadie duda es de su grandísima calidad.

Y es que cuando uno ve jugar a Diamanti, se pregunta cómo diablos no ha podido acabar en un grande. Y ahora, que se marcha de Italia, nos deja con la sensación de que se va con todavía mucho fútbol por ofrecer. Con muchas cosas aún por demostrar. Con muchos goles de falta por regalar al espectador. Con muchas asistencias imposibles por inventar.

Quizá su paso por China sea efímero y regrese a Italia en un par de meses. Ojalá. Si no lo hace siempre nos quedará la duda de qué habría sido de su carrera si hubiera jugado en un grande, arropado por futbolistas de su nivel y en un contexto competitivo mucho mayor. Lo que si sabremos es que Bologna y el Renato Dall’Ara le echarán de menos. Y la Serie A. Y el fútbol. 

sábado, 25 de enero de 2014

Sobre fichar mal, cocinas y lavavajillas

Mi madre lleva ya un tiempo con la idea de cambiar la cocina entre ceja y ceja. Si bien cuando planteó la cuestión hace ya unos cuantos meses todos lo vimos como algo un tanto lejano, la cosa había ido cogiendo cierta forma en las últimas semanas. Hasta que hace un par de días se rompió el lavavajillas. Cambio de planes. Reformar la cocina quedó en un segundo plano y hacernos con un nuevo lavavajillas pasó a ser la prioridad, bueno, la de mis padres. Dicho y hecho. Ayer mismo ya teníamos recambio.

Aunque parezca mentira, al Manchester United le ocurre algo parecido a lo que nos pasa en casa. Su nueva cocina, su utopía, es renovar la plantilla, desprenderse de las viejas glorias y construir un equipo con sabia nueva,con nuevas figuras, mientras que su lavavajillas es el mediocentro. La gran diferencia que existe entre las dos situaciones radica en la decisión tomada. En vez de solucionar el problema del lavavajillas, desde Old Trafford han optado por lanzarse desde ya a reformar la cocina. Y en lugar de comenzar por la principal carencia que tienen dentro de ella, el mediocentro creativo, han decidido empezar a poner los cimientos por una posición que ya tienen bien cubierta: la de hombre de banda. Y digo hombre de banda, porque en el United la posición de mediapunta tiene, a día de hoy, nombre y apellidos: Wayne Rooney. Y eso es así.


Por tanto, Juan Mata llega a Old Trafford a cubrir un puesto en el que la nómina de futbolista no es precisamente corta: Valencia, Januzaj, Nani, Ashley Young, Kagawa y Zaha suelen actuar en esa posición. Analizando esto, uno se plantea si los cuarentaypico millones de euros que ha costado su traspaso están bien invertidos. Y más aún sabiendo las carencias que tiene el equipo de Moyes en el centro del campo. Unas carencias que arrastran desde que Paul Scholes decidiera colgar las botas definitivamente hace ya año y medio. Este verano se fichó a Fellaini con la intención de poner fin a esos problemas, cuando hasta el propio Moyes sabía de primera mano que la posición donde mejor rendía el belga era la de mediapunta, y no la de mediocentro. El resultado estaba escrito. Entre lesiones y grises actuaciones, Fellaini sólo ha disputado 446 minutos en lo que llevamos de Premier. Y de los ocho partidos en los que ha jugado, sólo en dos de ellos ha sido titular. Números muy pobres para un fichaje que costó 32 millones de euros. Para más inri, al Manchester United le acaban de eliminar de la FA Cup, es séptimo en la Premier, está a 14 puntos del líder (el Arsenal) y las sensaciones que deja en cada partido no son nada positivas.

Bajo este panorama, Mata ateriza en Old Trafford con la difícil misión de ser el acicate que levante a un equipo que está bastante tocado. Un equipo que no logra encontrar un estilo de juego definido, que no termina de carburar y que tiene unos problemas tremendos para generar fútbol. No cabe duda de que aportará cosas diferentes, pero la realidad es la que es. El United se vuelve a dejar un dineral en un fichaje y el problema central sigue ahí, sin resolverse. El fichaje de Mata dejará la cocina más bonita pero el lavavajillas seguirá dando problemas. Y si sigue sin haber, como hasta ahora, nadie que fregue bien los platos y los deje en sus sitio, la cocina seguirá teniendo el mismo aspecto viejo y feo. Por muy bueno que sea el nuevo complemento.

miércoles, 8 de enero de 2014

Pasado pisado

Domingo, 12 de mayo de 2013. Watford-Leicester, Vicarage Road. La eliminatoria llega al minuto 90 con 2-2 en el global. Quien gane, se mete en la final del playoff en Wembley para luchar por el ascenso a la Premier League. Habiéndose añadido cuatro minutos, se llega al 95 y el árbitro pita penalti a favor del Leicester. Anthony Knockaert, la gran figura del equipo, decide tirarlo.

Chuta y lo falla. Almunia lo para con los pies, y en el rechace, vuelve a fallar.

El partido sigue. La defensa del Watford despeja y el equipo sale a la contra. Ataque por la derecha, centro al área de Forestieri y Kasper Schmeichel, considerado mejor portero de la Championship, sale a por uvas. Hogg la deja de cara a Troy Deeney, que remata de volea a portería. Gol. El árbitro pita el final. Vicarage Road enloquece. Las cámaras enfocan a Knockaert. Destrozado y con la mirada perdida con lágrimas en sus ojos, observa incrédulo cómo los hinchas del Watford festejan la clasificación de su equipo para la final de los play-offs en Wembley. Lo había tenido en sus botas.

Anthony Knockaert, tras quedarse fuera de la final del playoff de ascenso a la Premier. 
Han pasado ya casi nueve meses de aquello. Los dos equipos siguen en la Championship. El Watford, que caería unas semanas después en la final contra el Crystal Palace de Zaha, es 14º, mientras que el Leicester lidera en solitario la competición. Knockaert y Schmeichel siguen formando parte del equipo y son dos piezas básicas en los esquemas de Nigel Pearson. El equipo prácticamente no ha cambiado en nada respecto al que cayera eliminado en las semifinales de ascenso a la Premier de la temporada pasada.

Schmeichel es el portero titular. Ágil y seguro bajo los palos, el hijo del mítico portero del Manchester United demuestra una gran solvencia en los uno contra uno. Es además, un experto atajando penaltis. Liam Moore y el jamaicano Wes Morgan conforman una de las mejores parejas de centrales de la Championship. Los laterales son para el belga Richtie De Laet y Jeff Schlupp, un delantero de 21 años reconvertido a lateral izquierdo que, aunque ofensivamente aporta bastante, defensivamente deja mucho que desear. Alterna con el veterano Paul Konchesky, ex jugador de Liverpool y Fulham entre otros.

Danny Drinkwater y Andy King son los dueños del mediocampo. El primero es el encargado del trabajo sucio, el pivote defensivo del equipo, un hombre fundamental para Pearson. Por su parte, King es un centrocampista más técnico, que destaca como llegador. Por la banda derecha juega Knockaert. El francés, de tan sólo 21 años, es uno de los mejores jugadores de la competición. Muy desequilibrante y hábil en la conducción, su zurda es un guante. En el otro costado juega Lloyd Dyer, otra de las grandes figuras de este equipo.  Zurdo también y muy rápido con el balón en los pies, ha destapado esta temporada su faceta como goleador, sumando 5 goles en lo que va de 2013/14, unas cifras nada despreciables para un jugador de banda.

La delantera la conforman David Nugent y Jamie Vardy. El primero es indiscutible en las alineaciones de Pearson. Oportunista, poderoso físicamente y con un gran disparo de balón, no ha bajado de los 15 goles en las dos últimas temporadas y en esta lleva el mismo camino, sumando ya 12, con toda la segunda vuelta por delante. El segundo está siendo una de las grandes revelaciones de la temporada. Incansable, rápido y muy peleón, le ha quitado el puesto a Chris Wood y ya suma 7 goles, 3 más de los que consiguiera la temporada pasada.

El 1 de noviembre se volvieron a enfrentar en Vicarage Road Watford y Leicester. Esta vez el desenlace fue distinto al de aquella tarde de mayo. Los de Nigel Pearson se impusieron 0-3 y Knockaert marcaba uno de los goles.  Con esa victoria, el Leicester certificaba el mejor arranque de su historia en la competición. Y no sólo eso. Dejaban claro que habían dejado aquella eliminación atrás y que estaban preparados para volver a pelear por ascender a la Premier.


Mimbres tienen para ello. Y experiencia, también. El tiempo dirá.